25 de agosto de 2014

Lluvia Salada

Las ramas golpearon el vidrio. El viento soltó un rugido sobrenatural que se escuchó en todas partes y que retumbó en todas las casas. La lluvia comenzó a caer del cielo como lágrimas. La tristeza se olía en ese lugar tan desastroso. Las gotas chocaron contra la tierra y la ablandaron. El viento volvió a soplar, pero mucho más fuerte y tempestuoso. Los techos de madera temblaron y las ramas se sacudieron junto a sus hojas como banderines.
Llovía, la lluvia traía tristeza para algunos, y felicidad para otros. Había personas a las que les gustaba oír las gotas chocar contra la superficie, el viento gritando, y las nubes grises y oscuras. Se sentaban en sus sillones a escuchar aquel fenómeno hasta quedarse hechizados y cerrar sus ojos y dormir.
Pero también había personas a las que no les gustaba, personas a las que les parecía algo triste y aburrido, o algo que les arruinaba el día. Esa gente, miraba por la ventana enojada, o  escuchaba música por sus auriculares cuando la lluvia caía.
Y es que la lluvia, es un llanto salado que cae del cielo, son sus lágrimas de agonía y de emoción, de tristeza y de felicidad.
¿Será por eso que las lágrimas son saladas?
Son dulces. Cuando lloramos de alegría, cuando la emoción es tan grande que no se puede contener, cuando la sensación llena el pecho, el corazón, y el estómago y todo se desborda por nuestros ojos, cuando la felicidad es tan grande, cuando las risas son tan ruidosas que lo único que nos queda es llorar.
Son amargas. Cuando hay tristeza, cuando nuestro corazón es roto o hundido o aplastado, o las tres cosas. Lloramos amargamente, porque necesitamos liberarlo, porque el ser triste es tan grande y está tan lleno e inflado, que necesita liberarse, que necesita desbordarse. Las lágrimas tristes, son la tristeza concentrada, es dolor en estado puro, no importa la razón, esas gotas siempre van acomparsadas por el corazón y el estómago, por esas mariposas que crecen en el pecho y que luego se convierten en cenizas, esas alas que son cortadas en lugar más alto, en el vuelo más placentero, cuando caemos y nos estrellamos contra el duro piso.
Por eso, son saladas. Porque a veces estamos tristes, o felices, porque los sentimientos siempre se mezclan, porque siempre están entrelazados y siempre despiertan más y más. Porque la felicidad y la tristeza van de la mano, porque cuando hay felicidad, también hay dolor, y cuando hay dolor, hay felicidad. Los sentimientos son cajas que se abren, que incitan a abrirse a las demás, son cosas mezcladas, complicadas, difíciles de sentir y de contener.

HE aquí la verdad: luego de la tristeza, viene la felicidad.

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