Llovía, la lluvia traía tristeza para algunos, y felicidad
para otros. Había personas a las que les gustaba oír las gotas chocar contra la
superficie, el viento gritando, y las nubes grises y oscuras. Se sentaban en
sus sillones a escuchar aquel fenómeno hasta quedarse hechizados y cerrar sus
ojos y dormir.
Pero también había personas a las que no les gustaba,
personas a las que les parecía algo triste y aburrido, o algo que les arruinaba
el día. Esa gente, miraba por la ventana enojada, o escuchaba música por sus auriculares cuando la
lluvia caía.
Y es que la lluvia, es un llanto salado que cae del cielo,
son sus lágrimas de agonía y de emoción, de tristeza y de felicidad.
¿Será por eso que las lágrimas son saladas?
Son dulces. Cuando lloramos de alegría, cuando la emoción es
tan grande que no se puede contener, cuando la sensación llena el pecho, el
corazón, y el estómago y todo se desborda por nuestros ojos, cuando la
felicidad es tan grande, cuando las risas son tan ruidosas que lo único que nos
queda es llorar.
Son amargas. Cuando hay tristeza, cuando nuestro corazón es
roto o hundido o aplastado, o las tres cosas. Lloramos amargamente, porque
necesitamos liberarlo, porque el ser triste es tan grande y está tan lleno e
inflado, que necesita liberarse, que necesita desbordarse. Las lágrimas
tristes, son la tristeza concentrada, es dolor en estado puro, no importa la
razón, esas gotas siempre van acomparsadas por el corazón y el estómago, por
esas mariposas que crecen en el pecho y que luego se convierten en cenizas, esas
alas que son cortadas en lugar más alto, en el vuelo más placentero, cuando
caemos y nos estrellamos contra el duro piso.
Por eso, son saladas. Porque a veces estamos tristes, o
felices, porque los sentimientos siempre se mezclan, porque siempre están
entrelazados y siempre despiertan más y más. Porque la felicidad y la tristeza
van de la mano, porque cuando hay felicidad, también hay dolor, y cuando hay
dolor, hay felicidad. Los sentimientos son cajas que se abren, que incitan a
abrirse a las demás, son cosas mezcladas, complicadas, difíciles de sentir y de
contener.
HE aquí la verdad: luego de la tristeza, viene la felicidad.
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